
A veces uno no piensa,
se deja caer en la abnegación.
Sacrifica las creencias y los dioses,
quema las naves, quema banderas,
arremete contra todo y todos,
sin pararse a pensar.
Y todo es un invento estrafalario,
un árbol sin sombra
una esquina que no gira.
Todos son perfectos ingnorantes,
dios de la nada
inmortales,
que se mueren viviendo tanto.
Y uno no piensa,
porque pensar adelgaza los sentidos,
porque es más cómodo que lo hagan por tí,
desentirra aquellos muertos
que viven en los placeres
de lo terrenal.
Pero a veces uno no cree,
no ya en creencias irremediables,
sino,
en las breves ausencias,
en las causas y efectos,
en la palabra que no habla,
en los labios que hemos besado.
Asi se forja la estatura
de esta insípida sociedad,
de vivir haciendo cuentas
de esconderse de lo que tememos y amamos,
de rendir más de la cuenta,
o de rendirse a fin de cuentas
en la creencia
de que a veces uno no piensa,
pero no cree,
y otras tantas
cree... sin pensar...
Att: Rukia
¿y tú? ¿Piensas?




